Peregrinar no es
simplemente andar. No es dejar atrás kilómetros, montañas, árboles, gentes.
Peregrinar no es solo ver hermosos
paisajes, saludar personas desconocidas; hombres y mujeres anónimos que igual que otros
sudan con su macuto a cuestas.
Tampoco es peregrinar solamente dar los
"buenos días" a los lugareños que van con sus reses y sus años, ni buscar
desesperadamente el mejor cobijo para la noche.
Peregrinar es, probablemente, un estilo
de vida que no conocía, o que tal vez sentía sin darme cuenta, o quizás era y soy
demasiado pequeño y frágil para llegar a descubrirlo dentro de mi "yo" tan
egoísta y simple.
¿Será tal vez peregrinar tener a Dios
conmigo en cada paso, y ser árbol, helecho, y ser también olor, olor a roble, eucalipto,
y a vaca sucia?
Seguramente peregrinar es además ver el
sol de noche y la luna de día, es disfrutar del chaparrón que no cesa, y sobre todo, es
amar a los que no me amaron, es saber que llegaré aunque no sepa cuando, y no saber que
voy a hacer mañana, solo sentir que quiero abrazar a todo el que hoy he visto, deseo
hacer reír a todos los que lloran y recordar a los que siempre ríen que el llanto
existe.
14/8/99